
La entrega indiscriminada de tarjetas de crédito a personas que carecen de respaldo económico por parte de grandes tiendas constituye una irresponsabilidad de éstas. Más grave es el hecho que se les otorgue este dinero plástico a estudiantes que, además de no tener ingresos propios, son una carga como tales de sus padres a costos que las universidades elevan muy por sobre el IPC, lo que significa que un hogar de clase media destine más de 50% de sus ingresos a la educación, y como si esto fuera poco tener que sobrellevar esta práctica irresponsables de las grandes tiendas.
La entidad del Estado destinada al control de este dinero plástico extra bancario debería impartir instrucciones a los emisores de estas tarjetas prohibiendo otorgarlas a los estudiantes, que en su mayoría carecen de ingresos propios, porque las mismas grandes tiendas entregan tarjetas adicionales a los titulares del crédito para que éstos a su vez las entreguen según sus deseos.

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